¿Es mejor usar embriones congelados o crear nuevos embriones para un proceso de gestación subrogada?
La mayoría de los futuros padres creen que la respuesta es obvia… hasta que descubren que las tasas de éxito pueden ser iguales —o incluso mejores— con embriones congelados, dependiendo del caso.
Aquí aparece una gran pregunta que normalmente no se responde con claridad en internet: ¿Qué ocurre realmente dentro del laboratorio, en el cuerpo de la gestante y en el embrión cuando se opta por embriones congelados?
En este artículo vamos a explicarlo todo, conocerás qué dice la ciencia, cuáles son las tasas de éxito, qué riesgos médicos existen, y en qué situaciones esta opción es la más recomendable dentro de la gestación subrogada.
¿Qué son los embriones congelados?
Los embriones congelados son aquellos que han sido generados a través de la fecundación in vitro (FIV) pero no se transfieren inmediatamente, sino que su conservación es a temperaturas muy bajas para ser usados en el futuro.
La criopreservación embrionaria es el nombre que recibe este procedimiento, el cual se lleva a cabo utilizando una técnica sofisticada llamada vitrificación. Esta impide la creación de cristales de hielo y resguarda la estructura celular del embrión.
“La vitrificación ha transformado la reproducción asistida, haciendo posible que después de la descongelación las tasas de sobrevivencia embrionaria sean más del 95%”.
En un proceso de gestación subrogada, los embriones congelados se transfieren al útero de la gestante solo si el endometrio está en condiciones óptimas. Esto posibilita algo crucial: no tener que hacer todo simultáneamente.
El proceso está dividido en tres momentos claramente definidos debido a esta planificación. Se genera primero el embrión en el laboratorio, luego se prepara a la madre gestante de forma cuidadosa y precisa, y solo tras asegurarse de que todo esté perfectamente sincronizado se efectúa la transferencia embrionaria. Esta separación no es un detalle insignificante: permite optimizar cada etapa del tratamiento, disminuye el margen de error y eleva la supervisión médica.
Transferir el embrión en fresco, inmediatamente después de su creación, era la norma hace unos años. No obstante, esta práctica ha ido quedando atrás debido al progreso de la medicina reproductiva. Cada vez más clínicas y expertos están optando por los embriones congelados en la actualidad, ya que brindan un nivel de seguridad médica más alto, posibilitan una sincronización óptima con el cuerpo de quien gesta, hacen posible la ejecución de exámenes genéticos previos y ofrecen una flexibilidad crucial para los padres intencionales, sobre todo si viven en otro país o requieren organizar el procedimiento con mayor tiempo.
Esta tendencia no es una creencia, sino un hecho que cuenta con el apoyo de la ciencia. La American Society for Reproductive Medicine (ASRM) señala que:
“Las transferencias de embriones congelados muestran resultados comparables o incluso superiores a las transferencias en fresco en muchos grupos de pacientes”.
¿Qué significa realmente “tasa de éxito”?
Es relevante comprender que no todo se mide de la misma manera cuando se discute sobre el éxito en la gestación subrogada. En la medicina reproductiva hay diferentes indicadores, pero no todos tienen igual importancia. Por un lado, está la tasa de implantación, que indica si el embrión logra adherirse al útero. Por otro lado, está la tasa de embarazo clínico, que verifica el embarazo a través de una ecografía. Y, por último, se tiene la tasa de nacimiento vivo, que es la que verdaderamente interesa a los padres, ya que calcula cuántos tratamientos concluyen con el alumbramiento de un infante saludable.
Este último indicador es el que los científicos enfatizan. Según un análisis presentado por la organización benéfica Cochrane en Reino Unido:
“Los hallazgos indican que, si la tasa acumulativa de nacidos vivos es del 58% después de una estrategia convencional de FIV/ICSI, la tasa después de una estrategia de criotransferencia estaría entre el 57% y el 63%”.
Durante mucho tiempo existió el miedo de que el proceso de congelación pudiera “debilitar” al embrión o disminuir sus opciones de implantación, pero la evidencia científica actual demuestra justo lo contrario.
Hoy sabemos que los resultados obtenidos con embriones congelados son muy similares a los de los embriones transferidos en fresco, y en algunos casos incluso ligeramente mejores. Esto ocurre porque la congelación permite elegir el mejor momento para la transferencia, cuando el cuerpo de la gestante está realmente preparado para recibir al embrión. No hay prisas, no hay interferencias hormonales innecesarias y todo el proceso se puede planificar con más precisión.
En los procesos de gestación subrogada, estas cifras suelen ser incluso un poco más altas. La razón es que las gestantes son mujeres jóvenes, previamente evaluadas desde el punto de vista médico, y con un útero sano, lo que mejora las probabilidades de implantación y de evolución del embarazo.
Aun así, una de las dudas más frecuentes de los padres es si el proceso de congelación puede afectar al embrión. Es una preocupación lógica, pero la evidencia científica es clara. Cuando se utiliza vitrificación moderna, la respuesta es no. Esta técnica permite preservar el embrión sin dañar su estructura ni su capacidad de desarrollo.
Desde el punto de vista médico, la preparación de la gestante es una de las claves del éxito. El endometrio debe estar en el momento exacto para recibir al embrión, ni antes ni después. Para lograrlo, se sigue un protocolo muy controlado que incluye la regulación hormonal, el engrosamiento adecuado del endometrio y una sincronización precisa con el momento de la descongelación embrionaria.
Este seguimiento tan cuidadoso no es casual. Gracias a él se reducen de forma significativa riesgos como los fallos de implantación, los embarazos bioquímicos o los abortos tempranos, aumentando así las probabilidades de que el proceso avance con seguridad desde el inicio.
¿Es mejor usar embriones congelados o crear nuevos?
La decisión entre usar embriones congelados o crear nuevos embriones no es igual para todas las familias. Depende mucho de cada situación concreta y de los objetivos de los padres. En muchos casos, optar por embriones congelados es la mejor alternativa cuando ya existen embriones viables, cuando se desea realizar un estudio genético como el PGT-A, o cuando se busca una planificación muy precisa del proceso. Esto es especialmente útil para padres que viven en otro país, ya que permite organizar tiempos, viajes y aspectos legales con mayor tranquilidad.
En cambio, hay situaciones en las que puede tener más sentido crear nuevos embriones. Por ejemplo, cuando no existen embriones previos, cuando es necesario ajustar la elección de donantes o cuando la edad genética es joven y se quiere maximizar el número de embriones disponibles desde el inicio. En estos casos, empezar el proceso desde cero puede ofrecer más margen de maniobra y adaptación a las necesidades médicas y personales de los padres.
Lo importante es entender que no existe una única opción correcta, sino una estrategia adecuada para cada caso. Y en esa elección, la ciencia juega un papel cada vez más importante. La medicina reproductiva no se ha detenido, y los avances tecnológicos de los últimos años han cambiado por completo la forma de trabajar con embriones.
Hoy se utilizan sistemas de time-lapse embrionario que permiten observar el desarrollo del embrión sin sacarlo de la incubadora, herramientas de inteligencia artificial que ayudan a seleccionar los embriones con mayor potencial de implantación, y medios de criopreservación cada vez más seguros y eficaces. Gracias a estas innovaciones, el uso de embriones congelados no solo es seguro, sino que se ha convertido en una opción cada vez más precisa y fiable dentro de la gestación subrogada.
¿Qué papel juega la edad genética del embrión?
La edad genética del embrión es, sin duda, el elemento que tiene mayor impacto en las posibilidades de éxito. Cuando el embrión proviene de óvulos de mujeres con menos de 35 años, las probabilidades de embarazo y de que el bebé nazca vivo tienden a ser bastante altas. Estas tasas se mantienen a un nivel medio entre los 35 y los 40 años; desde los 40, por lo general, los expertos aconsejan llevar a cabo un estudio genético como el PGT-A para mejorar las probabilidades de éxito y disminuir la posibilidad de alteraciones en los cromosomas.
Es fundamental aclarar un punto que en ocasiones puede ser confuso: la edad de la madre no tiene impacto en la genética del niño, aunque sí es muy favorable para la implantación. El ambiente es más propicio para que el embrión se implante y el embarazo progrese de manera correcta, ya que generalmente son mujeres jóvenes con un útero sano.
Por este motivo, las principales guías médicas recomiendan, siempre que sea posible, realizar una transferencia única de embrión. Transferir un solo embrión reduce de forma significativa los riesgos asociados al embarazo múltiple, sin disminuir de manera relevante las tasas de éxito. Es una estrategia pensada para proteger tanto a la gestante como al futuro bebé.
Respecto a los costes vinculados con el uso de embriones congelados, puede parecer altos a simple vista. No obstante, en la práctica suele ser más eficaz. Al permitir una mejor planificación y un control médico más exhaustivo, se logran menos ciclos fallidos, menos problemas durante el embarazo y se evitan interrupciones innecesarias del proceso. Todo esto significa que el empleo de embriones congelados, a largo plazo, representa no solo una opción médica estable, sino también una alternativa más predecible y rentable para muchas familias.
El futuro de la gestación subrogada con embriones congelados
Todo indica que el uso de embriones congelados dentro de la gestación subrogada no es una moda pasajera, sino el camino que está marcando el futuro de la reproducción asistida. Cada vez más clínicas, especialistas y guías médicas coinciden en que esta estrategia se está convirtiendo en el nuevo estándar, no por comodidad, sino porque ofrece mejores condiciones para todos los implicados.
La razón es sencilla. Trabajar con embriones congelados aporta más seguridad médica, ya que permite preparar a la gestante sin prisas y reducir riesgos asociados a una transferencia mal sincronizada. También ofrece un mayor control del proceso, desde la selección embrionaria hasta el momento exacto de la transferencia, lo que se traduce en decisiones más precisas y mejor planificadas. Y, como resultado de todo ello, las tasas de éxito se mantienen altas y, en muchos casos, incluso mejoran.
Esta tendencia no se basa en percepciones ni en experiencias aisladas. Está respaldada por datos científicos, estudios a largo plazo y la experiencia acumulada de miles de tratamientos en todo el mundo. A medida que la tecnología avanza y los protocolos médicos se perfeccionan, el uso de embriones congelados se consolida como una opción cada vez más fiable, predecible y alineada con el objetivo final de cualquier proceso de gestación subrogada: lograr un embarazo seguro y el nacimiento de un bebé sano.
Preguntas frecuentes (FAQs)
- ¿Los embriones congelados tienen menos posibilidades de implantación?
No. Las tasas son similares o superiores cuando se usa vitrificación moderna. - ¿Cuánto tiempo puede estar congelado un embrión?
Décadas, sin pérdida demostrada de calidad. - ¿Es seguro para el bebé?
Sí. Los estudios no muestran aumento de malformaciones congénitas. - ¿La gestante nota alguna diferencia?
No. El proceso médico es el mismo. - ¿Puedo hacer pruebas genéticas antes de congelar?
Sí, y es una de las mayores ventajas. - ¿Qué pasa si el embrión no sobrevive a la descongelación?
Es poco frecuente (menos del 5%), y suele haber embriones de respaldo. - ¿Es la mejor opción en gestación subrogada internacional?
En la mayoría de los casos, sí, por planificación y control.
